Hace un rato, mientras hacía la cama tuve una conversación conmigo misma, de esas que te dejan el rucurrucu en la cabeza para el resto de la mañana. Necesito volver a escribir. Necesito volver a sentarme delante de la pantalla y dejar volar los dedos guiados por la lengua, por las ansias, por los sueños y por el alma misma, en definitiva. No sé por qué dejé de hacerlo… imagino que por lo que se dejan de hacer las cosas que a una le hacen bien; porque sí. Tampoco me importa mucho cuál fue el motivo, solo me importa que quiero volver a hacerlo. Y aquí estoy. Pero no soy la misma. Como todo el mundo, Anita, obvio! El cambio se apodera de nosotros, nos guste o no; nos rindamos o no a la evidencia. A veces empujados por alguna causa explosiva que nos empuja a cambiar el rumbo, otras veces solo surge, de manera natural. Ni la piedra más dura permanece inalterable al cambio, aun sin haber hecho nada para producirlo, solo el viento, el mar o el paso de quien se le cruce en el camino harán de e...
En mi bolso puede haber de todo...