Hace un rato, mientras hacía la cama tuve una conversación conmigo misma, de esas que te dejan el rucurrucu en la cabeza para el resto de la mañana. Necesito volver a escribir. Necesito volver a sentarme delante de la pantalla y dejar volar los dedos guiados por la lengua, por las ansias, por los sueños y por el alma misma, en definitiva. No sé por qué dejé de hacerlo… imagino que por lo que se dejan de hacer las cosas que a una le hacen bien; porque sí. Tampoco me importa mucho cuál fue el motivo, solo me importa que quiero volver a hacerlo. Y aquí estoy. Pero no soy la misma. Como todo el mundo, Anita, obvio! El cambio se apodera de nosotros, nos guste o no; nos rindamos o no a la evidencia. A veces empujados por alguna causa explosiva que nos empuja a cambiar el rumbo, otras veces solo surge, de manera natural. Ni la piedra más dura permanece inalterable al cambio, aun sin haber hecho nada para producirlo, solo el viento, el mar o el paso de quien se le cruce en el camino harán de ella otra más pulida, más abrupta, o la trasladará sin pretenderlo a otro lugar. Creo que el cambio más significativo que he “sufrido” yo es el de “no me importa” Incluso el gesto de escribir; de escribir batallas, profundidades o banalidades… en otro momento de mi vida lo hacía siempre con el poso de “cumplir expectativas”; de no agredir a nadie o que nadie “pudiese pensar que yo…” Madre mía! Pues sí que he cambiado, porque ahora, justo ahora ese sea, quizás, el motivo menos categórico para que vuelva a hacerlo. Y eso, mis queridos, para mí se llama libertad.
Todos presumimos de ser libres, de actuar de manera autónoma, pero de una manera o de otra siempre acecha tras la oreja derecha la vocecita que, en última instancia, o en penúltima, te agarra del moño y te recuerda que te lo pienses un poquito más. Y al final termina por difuminarse aquello que te parecía tan evidente. Al menos a mí me ocurría así. Y me dejé tantas cosas por decir… Es curioso. Me he callado casi siempre los dolores, las situaciones incómodas, aquello que pudiese herir a otras personas. Al final (premio a la gilipollez para Anadorta!) me callaba aquello que me dañaba a mí para no dañar a otros. Y el resultado de eso nunca es bueno. Nunca. Pero aprendes y entonces, con todo el cariño del mundo -o en ausencia de cariño con respeto-, lo dices y… tachán! No pasa nada! Al menos nada horrible, nadie te quema en ninguna hoguera. A lo sumo se distancian, o se cambian de acera cuando te ven. Pero qué más da? Si, probablemente, llevaban tiempo caminando por aceras diferentes pero no habían querido decirlo en voz alta.
De poco pa acá siento que ha empezado la segunda parte de mi vida; esa en la que ya no valen los ensayos, en la que tienes que salir a escena y darlo todo porque el tiempo vuela y yo no me lo quiero perder dentro del camerino. Sé muy bien el guion, son años de estudio ya y si no, tiramos de improvisación que tampoco se ha dado tan mal.
Así que, fundamentalmente por eso, vuelvo por aquí. No soy escritora -más quisiera yo!- Ni soy ilustrada de nada más de lo que lo puedas ser tú. No soy más lista, ni más sabia, ni se me da bien nada en especial (salvo la tortilla de papas, la ensaladilla y combinar los tacones) pero me gusta comunicar, así en mi lengua, en bajito, a veces con susurros y otras con canciones, a veces alrededor de una botella de vino y otras tirada en un sofá o dando vueltas por una clase llena de ojitos curiosos. No, no esperes encontrar aquí nada que resuelva tu vida, tampoco nada que desvele grandes sucesos de la mía. Solo encontrarás palabras. Palabras que tú podrás hilar en tu cabeza porque a lo mejor es lo que necesitabas en ese momento; a mí me chifla cuando de repente escucho una canción o leo un texto y me veo representada mil por mil en esas letras. Siempre me tranquiliza pensar “ves? A esta persona le pasó lo mismo que a mí y ahí está, regalándome el no ser la única que lo ha vivido, haciéndome de espejo” y entonces te sientes un fisquito menos vulnerable. Quizás te enfaden las cosas que me leas, porque graisadios no pensamos -ni debemos ni tenemos que hacerlo- de la misma manera; pero que se te mueva ese resorte también será bueno, no? Removernos a veces es la manera de encontrar dentro. Y otras veces, simplemente, dirás “bah! Más de lo mismo, no me aporta nada más allá de lo que pueda leer en un sobre de azúcar” Pues eso también estará bien, porque pasar el rato, sin más pretensión, es más que terapéutico. Pero tengo claro que a quien le voy a hacer el regalo de su vida volviendo a estampar cuatro letras por aquí es, sin duda alguna, a mí misma. Simplemente porque es lo que quiero hacer. Y me gusta. Y me hace feliz. Y no hay más motivos, que ya son estos suficientes, para levantar las yemas de los dedos y manosear mi querido teclado, que estas de aquí.
Me apetece volver a pensar en voz alta, adornar de comas, puntos y comillas mi mundo interior; los reflejos del mundo de fuera que entran por mis ojos, mis oídos y mi piel tamizados por el estado de ánimo que tenga ese día. Como a ti, porque estoy segura de que alguna vez te ocurrió lo mismo. A veces me apetece destripar la trascendencia pura y otras lo más banal que se me pueda pasar por la cabeza. Esto también te ha pasado seguro. Hay días en los que la rabia me puede cegar y después de haber maldormido y centrifugado en mi cabeza la rabia pasa a ser indiferencia y eso también me apetece lanzarlo a las letras más de una vez y de diez. Hay días en los que puedo ser lo más frívolo de este mundo y mirar solo páginas de vestidos o de decoración de salones nórdicos y otras en los que la profundidad de pensamientos y la implicación emocional transitoria me harían raparme la cabeza y mandarme a mudar al Himalaya. Esto también te ha pasado y lo sabes! Y en eso, cariño mío, se nos va la vida. En un pasito palante y un pasito pa atrás.
Pensaba volver a publicar en “La peineta” Ese blog que tuve hace ya más años que qué; pero no lo veo. No soy la misma; tengo más bien poco que ver con esa mujer. Y eso no es malo, ojo!, eso es, simplemente, la vida; evolución, aprendizaje, pérdidas, encuentros, lágrimas, risas, cambio, canas, madurez -bendita madurez-, arrugas… vida! Así es que no. La peineta fue un momento bonito, divertido y especial de mi vida que ahí se queda. Ahora soy más de bolso.
Pensando en cómo podría llamar al espacio en cuestión me vino a la cabeza cualquiera de mis bolsos. Son caóticos, es así. Tal cual. Da igual que sean grandes o pequeños, nuevos o más viejos que Carracuca, son un auténtico caos. En cualquiera de mis bolsos te podrás encontrar igual una pintura de labios, o siete; monedas sueltas en el fondo que nunca me da tiempo a guardar por alguna prisa desconocida. En mi bolso siempre habrá un manojo de llaves y alguna pastilla de goma fosilizada que en el peor de los casos decidió incubar en un bolígrafo de cualquier color y unieron sus vidas en santo pringoteo.
Pañuelos de papel fuera siempre de su bolsita para que descubras más vestigios de lo que sea cuando necesitas secarte una lágrima o parar el mocoserío y por supuesto tickets de Zara arrugados y desteñidos y a lo mejor un libro, o un botellín de agua del pleistoceno o hasta unas bragas limpias que no voy a ni a explicar el motivo de que estén; pero están… pueden estar.
Así que nada personapacienteoaburridaquehasconseguidoleerhastaaquí… me cuelgo este nuevo bolso y vamos a ver por dónde nos lleva, qué le vamos metiendo dentro a partir de ahora y, por supuesto, qué maravillas estupendas o roñosas vamos encontrando al azar al meter la mano y llegar al fondo.
Me gusta que estés por aquí. Un besito.

Me requeteencanta y recarga leerte, persona VITAMINA!!!!♥️♥️♥️
ResponderEliminarHabló el chute de energía! eres más bonita!🥰
EliminarAgarro El bolso y tu brazo desde ya y nos vamos donde quieras y cuando quieras,será un placer leerte de nuevo.Gracias por volver🥰😘
ResponderEliminarGracias por estar y agarrarme el brazo🥰
EliminarQue bueno volver a leerte👏👏🥰🥰 No pares sigue, sigue amiga 😘😘
ResponderEliminarhasta el infinito y más pa allá😁😘
EliminarHola Ana. Qué sorpresa para mí. Muchas gracias.
ResponderEliminarMe encanta eso de unieron sus vidas en santo pringoteo jajjajajja gran término... por fin un huequito para disfrutarte amiga, siempre un placer oogg que rico❤️
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